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Drogas y muerte: El infierno de los caballos que solventan el multimillonario mundo de las carreras

La desproporcionada cantidad de drogas, muchas veces ilegales, que son suministradas a los caballos de carrera permite artificialmente que los animales exhiban una apariencia medianamente saludable, lo que ha desencadenado la creencia que esta especie es una de las más protegidas por el ser humano. Sin embargo, esta visión dista mucho de la realidad.

Forzados a perder peso para correr con más agilidad, inyectados constantemente con drogas ilegales para ocultar el dolor físico e inhibir los sangrados internos, hacinados en pequeñas pesebreras para acumular adrenalina y así triunfar en la pista: estas son sólo algunas de las condiciones a las que los caballos son forzados para solventar la estrepitosa y multimillonaria industria de las carreras de animales.

PETA
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Diversos estudios, incluyendo los de PETA (People for Ethical Treatment of Animals, “Personas para un tratamiento ético de los animales”), coinciden en que las carreras de caballos se encuentran a años luz de representar una actividad que coincide con la pasión que se pueda llegar a sentir por estos animales, argumento que es recurrentemente utilizado por quienes sustentan este negocio. 

Tras cada victoria o derrota, los caballos son enviados a sus pesebreras, en donde son dopados a través del suministro de innumerables drogas y fármacos que les permiten resistir una carrera más. A raíz de esto suelen ser llamados “caballos químicos”. 

En los últimos años y a causa del surgimiento de entidades que velan por la protección de los animales que son utilizados para estos fines, prácticas ilegales por parte de veterinarios y profesionales al servicio de esta industria han sido develados y castigados, sin embargo muchas otras persisten bajo el silencio de los dueños de los animales. Uso de éxtasis y clenbuterol (fármaco simpaticomimético indicado para el tratamiento de enfermedades respiratorias por su efecto broncodilatador) han sido detectados en la sangre de cientos y miles de animales que son forzados a correr hasta morir, sólo con el propósito de abastecer el bolsillo de sus dueños. 

“Hay entrenadores que dejan a sus caballos llenos de drogas ilegales todos los días. Con tanto dinero en juego, las personas hacen cualquier cosa para que sus caballos corran más rápido y ganen. Los medicamentos inhiben el dolor, los sangrados y los colapsos físicos“, reveló un ex director de relaciones públicas de Churchill Downs, en conversación con PETA.

Los ganadores también pierden

Sin importar cuántas victorias mantenga en su registro o la pureza que se encuentre inscrita en su raza, al presentar lesiones los caballos no son enviados a pastar, sino que su destino sufre un revés mucho más cruel. La mayoría encuentra su muerte en mataderos de México, Canadá, Japón o en sus lugares de orígenes en donde son faenados para posteriormente ser exportados para consumo humano o de perros.

PETA
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Tras haber soportado fracturas de huesos, tendones rotos, estrés, problemas gastrointestinales y agotamiento durante toda su vida, los caballos son desechados de la noche a la mañana, luego de que sus dueños no logren conseguir los ingresos que le entregaba el caballo cuando aún estaba sano. 

La muerte suele ser el mejor consuelo

Gran parte de las lesiones que sufren los caballos a raíz de la explotación que sufren antes y después de que la carrera se lleve a cabo, se vuelven enfermedades crónicas que requieren de costosos y constantes tratamientos que rara vez se concretan. 

Pese a que la mayoría de los animales dispuestos para correr padecen síndromes crónicos o graves, y que bajo supervisión médica estarían imposibilitados para ejercer algún tipo de esfuerzo, son forzados artificialmente a continuar el curso de las carreras. Bajo la administración de drogas y fármacos que inhiben la manifestación del dolor, los caballos son apaleados y golpeados por sus jinetes, quienes disponen de sus vidas a cambio de la victoria.

Cuando las enfermedades alcanzan un nivel de gravedad que sólo puede ser custodiado por un veterinario o profesional, los dueños suelen sacrificarlos, ya que los honorarios médicos suelen superar los ingresos que logra el caballo al correr. 

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El hombre ha hecho de La Tierra un infierno para los animales

La exteriorización del infierno al que son forzados a vivir se transforma en un elemento clave para la protección de los caballos, cuyo deceso es invisible por el silencio que hoy perpetuamos como sociedad y por la avaricia de quienes siguen apostando a costa de su dolor. 

A raíz de la acción humana los animales siguen siendo los únicos perdedores. Pese a la información disponible al respecto, el hombre parece mantenerse inmune al dolor de aquellos que no poseen voz. 

SFuente

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