Lo veo lo leo y me lo creo

El crudo final de los niños que visitaban a la “Tía Toña”. Leyenda de hace 40 años sigue perturbando

¿Crees en fantasmas? La mayoría de la gente no. Sin embargo, incluso para esas personas una casa abandonada puede resultar ser un lugar muy espeluznante. Uno nunca sabe con qué se puede encontrar a la vuelta de una puerta o al pasar por una determinada habitación: si puede haber una araña, una serpiente, una persona… o simplemente voces que hablan y hacen eco en la construcción… o peor: risas. Nada es peor que escuchar risas desconocidas en un lugar abandonado

Y eso es justamente lo que se escucha en la “Casa de la Tía Toña”, en México. Un lugar más que espeluznante, y cuya fama surgió de una terrorífica historia.

Autor desconocido. Ayúdanos a encontrarlo.

En pleno Bosque de Chapultepec, en Ciudad de México, una solitaria señora vivía en una grande y alejada casona, después del cruce de un puente y un nebuloso camino.

La mujer vivía sola en un lugar tan grande porque era viuda de un hombre rico, no tuvo hijos y había heredado la propiedad y una gran suma de dinero.

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Dado que no tenía hijos, deseaba compañía. Y un día, ese deseo se hizo realidad porque decidió salir a la ciudad a recoger niños de la calle y ponerlos bajo su techo.

Y claro, sus acciones no pasaron desapercibidas. De hecho, se volvió una personaje muy popular por su “alma caritativa”. Y sí, “caritativa” va entre comillas, porque también tenía otro lado…

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Como tenía mucho dinero, era muy celosa de que estuviera bien guardado y preservado. Y quizás era demasiado preocupada de su dinero.

Un día, un grupo de jóvenes de la calle se aprovechó de su buena voluntad para hurtar las riquezas que tenía en su casa. Pero ella se despertó y, al ver que estos jóvenes revolvían cajones y habitaciones para buscar el botín, salió a golpearlos y los mató a todos.

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Y a pesar de toda su violencia, después cayó en la cuenta de lo que hizo. Y sintió tanto remordimiento que se quitó la propia vida en su habitación.

Desde entonces, se comenta que aún se escuchan las risas de los niños, los lamentos de la “Tía Toña” antes de matarse, sombras que se mueven entre los árboles…

Después de escuchar una historia así, incluso llega a sentir susto allí una persona que no cree en los fantasmas

SFuente

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