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El Vaticano cambia sus reglas: Ahora una mujer puede ser “Virgen Consagrada” aunque tenga sexo

Según dicen los escritos, el ángel Gabriel fue el primero en tener contacto con María. Ella, una muchacha virgen de dieciséis años en el hostil desierto de Nazaret de Galilea, nunca había pensado que sería la madre de Jesús, el principal profeta y salvador según la fe católica. María era una muchacha comprometida y virgen. El ángel le dijo que había sido seleccionado por la orden de su Santo Padre. Ella, aseguraba Dios, tenía la pureza que él buscaba para poder dar a luz al salvador de la humanidad.

Desde entonces, muchas otras cosas se han dicho: que la Biblia es poco exacta históricamente, que sus lecturas son demasiado superficiales, o que constantemente han estado supeditadas al humor, el entendimiento y la literalidad de quién lo lea. Que ese libro, en el fondo, es un gran símbolo, y los estudiosos aún no han logrado desmenuzarlo bien. Sin embargo, sea esto cierto o no, lo que está en el papel es que María terminó casándose con su marido, mantuvo una vida de verdad, virtud y abstinencia (tanto sexual como en algunos términos más retóricos). Finalmente, cuando su hijo murió a los 33 años, ella ascendió también a los cielos.

La vida de María, por supuesto, ha llamado la atención en varias personas a lo largo de la historia y el mundo. Ídola y personaje de admiración para los católicos. Han intentado reproducir muchas veces su ejemplo, legado y el valor de la abstinencia de las cosas que se dicen de ella en la Biblia. A partir de eso, un grupo de mujeres decidió continuar con su labor desde muy joven. Se bautizaron como “vírgenes consagradas” y son reconocidas frente a la iglesia por decidirse a “contraer matrimonio” con Cristo mediante una ceremonia en la que se acepta, entre otras cosas, mantener un estado de castidad perpetua. Así, aseguran ellas, les será abierto el Reino de los cielos. El estimado de vírgenes consagradas es de 5.000 mujeres en 42 países.

Broadly

Por supuesto, uno de los elementos que más representa una dificultad en una labor como esta, es el de la castidad. Sobre todo cuando pensamos en un mundo en el que la arista del sexo ya no pertenece a lo privado, sino a lo público: la gente habla cada vez con más desenvoltura de sus relaciones sexuales y afectivas, y pareciera ser que una persona que ha decidido no involucrarse en esta manera de vivir las relaciones (y no por falta de interés, al menos en este caso) se está quedando, de cierta manera, atrás. Entonces, la pasión católica cobra cierto sentido: para ellos, la verdadera fe va profundamente ligada al sacrificio y el sufrimiento. La verdadera recompensa viene del reino de los cielos. Si el cuerpo siente la abstinencia, el alma, tarde o temprano, sentirá un profundo confort.

Enfocadas en su labor de sacrificio, las congregaciones de vírgenes modernas jamás pensaron que una institución profundamente conservadora y de lecturas fieles a las antiguas, como la iglesia católica, fuese a cambiar el paradigma. Pero sucedió. A principios de este mes, la Oficina de Prensa de la Santa Sede emitió la instrucción Ecclesiae Sponsae Imago.

Emile Byers

El comunicado, que fue escrito por la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, abordaba justamente los aspectos de las vírgenes consagradas. Una especie de guía o instructivo, que cimentaba algunos principios básicos que no estaban dados a conocer por escrito. A pesar de ser apenas 5.000 mujeres, ya representaban un número suficiente para que el Vaticano reconociese esto como un fenómeno al que seguirán adhiriendo más personas, y es necesario comenzar a estandarizar.

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Todo bien, las congregaciones de mujeres vírgenes estuvieron de acuerdo con que la principal organización de la fe impusiera ciertos límites, y pasó bastante desapercibida durante los primeros días. Sin embargo, cuando en una revisión de rutina, una asociación llegó hasta la sección 88, su indignación fue gigante. Esta declaraba que las mujeres ya no necesitaban más de la virginidad física para poder declararse vírgenes consagradas, sino que estaban intentando comenzar a ampliar el concepto de la virginidad: “La llamada a dar testimonio del amor virginal, esponsal y fecundo de la Iglesia a Cristo, no se reduce al signo de la integridad física (…) Haber guardado el cuerpo en perfecta continencia o haber vivido ejemplarmente la virtud de la castidad, aunque es de gran importancia en orden al discernimiento, no constituye requisito determinante en ausencia de cual sea imposible admitir la consagración”. La virtud del sacrificio, de repente, se había convertido en un tipo de “plus”, pero ya no más en el factor determinante para consagrarse como virgen.

La más afectada por la noticia fue la Asociación Estadounidense de Vírgenes Consagradas. Ellas emitieron un comunicado en el que afirmaban estar “profundamente decepcionadas” por las nuevas reglas del Vaticano. Para la asociación, esto se había convertido en un cambio repentino de las reglas del juego, y esto no era justo. Bajo ciertos parámetros, suena razonable que alguien esté molesto si el fanatismo religioso comienza a permitir una conducta de la que los seres humanos rehuyen con bastante dificultad. Para ellas, el motivo de vivir la castidad a rajatabla, era uno de los motivos más determinantes para ser consagradas como vírgenes. El comunicado continúa diciendo que “Es impactante escuchar a la Madre Iglesia decir que la virginidad física ya no se considera un requisito previo esencial para la consagración a una vida de virginidad”.

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Del otro lado de la vereda, el cardenal João Braz De Avis, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, explicó que esto es, de cierta manera, una forma de hacer que la institución de las vírgenes evolucione y se vuelva un poco más inclusiva. Comenzó asegurando que esta es la primera vez que se emite un documento relativo a esta celebración litúrgica desde que se promulgó, en 1970, y que la decisión se tomó pensando en las mujeres cuya vida ha visto un significativo giro desde que conocieron la fe. El cardenal declaró: “Escclesiao Sponsae Imago quiere ayudar a descubrir la belleza de esta vocación y constribuir a mostrar la belleza del Señor, que transforma la vida de tantas mujeres que cada día la experimentan”.

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El Vaticano, por otro lado, ha preferido no pronunciarse de forma institucional.

SFuente

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