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“Ella lleva un embarazo por mí”: La maternidad subrogada y el debate legal sobre quién es la madre

En el año 2013 y a raíz de un embarazo ectópico cervical, Marión Yánez (38) perdió su capacidad de engendrar. Lo que era un embarazo inviable y peligroso para la salud de la madre, resultó en un procedimiento médico en donde su endometrio se vio permanentemente dañado. El sueño de ser padres se convirtió en largos procesos de internación clínica, costosos exámenes e inseminaciones artificiales, sin embargo y pese al esfuerzo tanto de Claudio y Marión como de los médicos especialistas, no resultó.

La adopción fue lo que inmediatamente se anidó en sus cabezas. Iniciaron el proceso y asistieron a múltiples charlas que los prepararían para recibir y posteriormente criar a un niño ajeno como propio. Todo iba bien hasta que conocieron de cerca el relato de un niño que fue adoptado, luego de vivir una vida de sufrimiento, abusos sexuales, abandono y violencia al interior de un centro de acogida del Estado de Chile. “No somos capaces”, fueron las palabras con las que la pareja cerró el proceso tras verse imposibilitados emocionalmente de recibir a un niño que hubiese sufrido tanto. 

Parecía que su anhelo no llegaría a buen puerto, hasta que la pareja escuchó hablar sobre la maternidad subrogada. Gracias a internet se dieron cuenta que en países extranjeros existían clínicas y centros especializados en los vientres de alquiler, sin embargo los costos superaban los 100 mil dólares, cifra que debía sumarse a los cerca de 50 mil dólares que cobraba la mujer que aceptaba albergar el embrión. 

Pese a que el procedimiento representaba algo cada vez más común en el extranjero, en Chile no existía información. Pese a que buscaron ampliamente sobre casos de éxito en su país de origen, Marión y Claudio no hallaron nada útil. Todo cambió en mayo de 2017. “¡Es posible hacerlo en Chile, lo acabo de ver en televisión! Tengo el nombre del doctor: vamos a verlo. Yo te presto mi útero para que tengas un hijo”, fueron las palabras con las que una tía de Marión, Alicia, cambió por completo el panorama. 

“Quería ayudarla. Por el cariño que le tengo a ella y a sus papás. Me dolía su falta, porque tiene todo para tener un hijo: un buen compañero, una casa linda, tantas ganas de dar amor”, dice Alicia (nombre falso para proteger su identidad) en conversación con Revista Paula

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“Ahí están tus hijos”

Marión conoció a Alicia cuando tenía tan sólo 15 años. La mujer que hoy alberga a su hijo Agustín, se mudó junto a su esposo a una casa cercana a la que vivía ella con sus padres. La cercanía física permitió que las dos familiares se hicieran amigas, prácticamente cómplices. Alicia fue su madrina de confirmación y hasta el día de hoy es una de las personas más importantes de su vida, junto a sus padres.

La grandiosa oferta, imposible de negar, ofrecida por Alicia generó que la pareja se pusiera en contacto con la Fundación Médica San Cristóbal, en la ciudad de Santiago. Allí el doctor César Cafatti le explicó a Marión y a Claudio que debido a que en Chile la maternidad subrogada no se encuentra sujeta a regulación, el proceso de pagarle a una mujer para esos fines se prestaba para dolorosas confusiones legales. 

Al notar la presencia de Alicia, el doctor supuso inmediatamente que la pareja poseía claridad respecto a lo difícil que era hallar una mujer externa que aceptara albergar su embrión. “Veo que vienen preparados”, fueron las palabras del profesional al advertir que la pareja venía acompañada. 

El largo proceso recién comenzaba: Alicia se sometió a una decena de exámenes médicos para asegurarse que estaba en buenas condiciones para albergar un embrión a sus 47 años de edad. Los positivos resultados incentivaron aún más a la pareja, quienes junto a Alicia debieron viajar a Perú, lugar en donde se encuentra la clínica de fertilidad recomendada por el doctor.

Cuarenta y cuatro mil dólares ha sido el costo aproximado de todo el tratamiento, el cual incluye los pasajes y la estadía que han debido costear en Lima. Lo más costoso aludió a la fecundación in vitro que fue realizada en el centro peruano, lo que posteriormente fue sucedido de una biopsia para detectar los embriones que estaban en buenas condiciones para alojarse en el útero de Alicia.

“Hasta ese momento lo habíamos conversado por encima, pero ahora era inminente. Mi hijo del medio me dijo que le daba miedo. Traté de tranquilizarlo. Mi marido también estaba preocupado de que me embarazara a esta edad. El que mejor entendía todo era Teo, el más chico: él sabía que tenía que ir a Lima a que me pusieran la semillita en la guata. Además, quería viajar conmigo”, relata Alicia cuando llegó el momento de viajar a Perú.

“Ahí están tus hijos”, fueron las palabras con las que una enfermera le entregó a Marión la fotografía de los dos embriones que eran aptos para ser fecundados, uno femenino y otro masculino. Al interior del pabellón estaba el doctor, una enfermera y Alicia, quien durante todo el tiempo por el que se prolongó el procedimiento, sostuvo fuertemente la mano de Marión.

Diez días después Alicia se realizó el test de embarazo que ratificó que serían padres. “Mi amor, vamos a ser papás”, fueron las palabras con las que Claudio llamó llorando a Marión para contarle la noticia. 

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La madre biológica no reconocida ante el Estado

Hoy y con siete meses de gestación, los futuros padres enfrentan la mayor lucha del proceso: ser reconocidos ante el Estado como los padres biológicos de Agustín. Pese a que la maternidad subrogada no está sujeta a una ilegalidad en la legislación de Chile, existen vacíos legales que provocarían que Alicia sea reconocida como la verdadera madre del hijo de Marión y Claudio.

De acuerdo al artículo 183 del Código Civil “la maternidad queda determinada legalmente por el parto, cuando el nacimiento y las identidades del hijo y de la mujer que lo ha dado a luz constan en las partidas del Registro Civil. En los demás casos la maternidad se determina por reconocimiento o sentencia firme en juicio de filiación, según lo disponen los artículos siguientes”. Dicho estatuto legal impediría que los padres tengan la posibilidad de inscribir a Agustín como propio en el Registro Civil. 

En 2016, un grupo de parlamentarios del Partido Por la Democracia presentaron un proyecto de ley que busca regular la maternidad subrogada y entregarle derechos a la madre biológica sobre el hijo, sin embargo éste sigue ser discutido en el Congreso.

Hoy y pese a las desavenencias legales que podrían impedir que la pareja ejerza su derecho como padres genéticos, la pareja lleva a cabo una movilización a través de redes sociales, con la cual buscan que Agustín pueda ser inscrito bajo los apellidos de ambos en el mes de junio, fecha en la que está presupuestada la cesárea de Alicia. 

Marión Yánez

“Mercantilizar el cuerpo de la mujer”

En los países que se ha debatido sobre la regularización de la maternidad subrogada, existen registros que mantienen a mujeres que buscan servir como vientre de alquiler para aquellas que no pueden ser madres o que simplemente buscan evadir las consecuencias de un embarazo natural. A raíz de esto, muchos creen que la maternidad subrogada se asocia con una vulneración de las mujeres más pobres, que aceptan el trato a cambio de dinero.

En cuanto a esto, la escritora española Silvia Nanclares, autora del libro “Quién quiere ser mamá”, aseguró que es irresponsable legislar sobre la maternidad o gestación subrogada, ya que se trata de un debate social que recién se ha instalado a nivel mundial. Para Nanclares este proceso es “mercantilizar el cuerpo de la mujer”.

“Se trata de una capitalización de la capacidad proceadora de la mujer, como la natalidad forzosa de los países comunistas, robo de bebés en el franquismo. Entra dentro de un debate de género muy amplio. Es mercantilizar el cuerpo de la mujer”.

Estos estándares cambian completamente cuando la mujer que accede a albergar el embrión forma parte de la vida de quien solicita la petición, o bien accede a un trato sin la existencia de dinero de por medio. 

SFuente

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