Lo veo lo leo y me lo creo

Jean Arnault, el violador amigo de la Academia Sueca que impide la entrega del Nobel de Literatura

Según todos los índices de calidad de vida, Suecia es uno de esos lugares donde todos sueñan con llegar alguna vez. Orden público, buenos salarios, personas instruidas, buena educación escolar y universitaria, y un Estado constantemente preocupado de que las personas que lo componen tengan lo que necesitan; considerado uno de los lugares más igualitarios del mundo, en buena parte gracias a su Gobierno feminista, y que ha hecho de las políticas por la igualdad una lucha que pertenece a toda la ciudadanía.

El Estado, además, lleva consigo la enorme responsabilidad de cargar con la entrega del premio Nobel de Literatura. La prestigiosa Academia Sueca es quien entrega el máximo galardón de la cultura occidental cada año, desde su invención en 1901.

El escándalo

Gabriella Hakansson disfrutaba tranquilamente de la fiesta cuando sintió que una mano se deslizaba entre sus piernas. Con velocidad y fuerza, le apretó los genitales e intentó introducirle los dedos. Escandalizada, empujó a Jean-Claude Arnault y le dio una bofetada. Frente a ellos había escritores, pintores, teóricos y otros artistas. La casa del editor donde se celebraba la reunión quedó un momento en silencio. Entonces, Arnault salió del salón avergonzado y temeroso. Los comensales comenzaron a murmurar entre ellos: decían que Arnault, nuevamente, estaba en “esas”. Después, como si el episodio hubiese sido discutido, y se hubiese llegado a consenso de una presunta poca gravedad, todos se giraron y siguieron conversando. Nadie se acercó a Hakansson ni increpó a Arnault. Ella tomó sus cosas y volvió a casa. Alguna vez había escuchado rumores sobre un tal Jean-Claude, un fotógrafo y dramaturgo, que tenía amistades muy cercanas en la Academia Sueca. Quienes lo conocían aseguraban que sus vínculos, además de respaldarlo, también le daban cierto poder en el circuito artístico. Ella aseguró:

“Sabía que tenía cierta fama, pero jamás pensé que llegaría tan lejos”.

Christine Olsson/DN

Efectivamente, Arnault es “esa clase” de sujetos. Hace décadas. El fotógrafo, que jamás se perdía ninguna de las fiestas donde estuviesen involucrados los miembros del círculo artístico más prestigioso de Europa, nació en Marsella hace 71 años. Está casado con Katarina Frostenson, una de los 18 miembros de la Academia Sueca. Mediante su matrimonio, Arnault logró establecer vínculos cercanos y lazos profundos con varios miembros de la Academia. Hasta hace apenas un par de meses, el fotógrafo dirigía Fórum, un centro cultural al que muchos integrantes de la Academia asistían regularmente. Arnault estrechaba sus manos, los abrazaba, iba a sus casas y comían juntos. Besaba a su esposa frente a ellos, se daban la mano y caminaban sabiendo que había ojos sobre ellos. En más de alguna ocasión, se presentó a sí mismo como “el académico número 19”: un título simbólico que refería a su estrecha relación con la poderosa Academia.

La caída

Cuando el pasado mes de noviembre 18 mujeres acusaron a Arnault públicamente en el diario Dagens Nyhetes de acoso sexual, abuso y violaciones, la Academia comenzó a desmoronarse. Según estos fuertes testimonios, los abusos, cometidos entre 1997 y 2007 (y algunos incluso ocurridos en dependencias de la prestigiosa institución), muchos de la entidad sabían o sospechaban que Arnault actuaba extraño en privado con algunas mujeres. Sin embargo, su extenso currículum lo avalaba para que las personas guardasen silencio. Además, era esposo de Frostenson y “el miembro número 19”. Haber hablado hubiese sido un escándalo demasiado grande. Todo se habría desmoronado. Según Anna-Karin Bylund, una artista que ahora está en la cincuentena, y asegura haber sido abusada por el influyente dramaturgo:

“Abusaba de su papel como líder artístico y de sus conexiones para explotar y humillar a mujeres, especialmente jóvenes, también para silenciarlas”.

Fosterson y Arnault (Foto: Zuma Press).

Según el relato de Bylund, hace 20 años comenzaba una prometedora carrera de artista. Especializada en tejidos, se le dio la oportunidad de exponer en Fórum, donde conoció a Arnault. Él la presionó y abrumó de tal manera que ella terminó accediendo a tener relaciones sexuales con él. El sujeto le hablaba de su poder, sus influencias, y las consecuencias que podrían haber si ella no accedía.

Alarmada y triste, jamás se atrevió a contarlo a las autoridades. Su carrera como artista estaría arruinada si denunciaba a un bastión de la cultura sueca y, probablemente, tampoco le creerían. Tenía las de perder. Prefirió guardar silencio, pero de todas formas envió una carta al Consejo Cultural de Estocolmo y a la Academia, ambas entidades financiadoras de Fórum. En su misiva, detallaba y advertía sobre el comportamiento del fotógrafo, pero su carta quedó guardada al fondo de un cajón. Sutre Allén, el entonces secretario permanente de la Academia (el puesto más importante en su jerarquía), decidió que nadie debía leer ese testimonio devastador. Años después, reconoció que simplemente no creyó que la carta fuese algo importante. La Academia, sin embargo, reconoció la existencia del intento de Bylund por denuncias a Arnault, y asegura lamentar haberla ignorado. Sus miembros continúan sosteniendo que los actos del artista no eran algo de conocimiento general, sino un tema que supo guardar celosamente para que este se desarrollase solo en su vida más privada. Sin embargo, la artista duda y resiente estas declaraciones. Después de los encuentros con Arnault, decidió dejar de lado las artes. Hoy es profesora.

En el contexto de movimientos como el Me Too, el caso ha afectado profundamente a toda Suecia. Los proyectos feministas y las políticas inclusivas no fueron suficientes para detener a un hombre poderoso que operaba desde una de las instituciones más prestigiosas del país.

Concentración en Estocolmo por la transparencia sueca (Foto: M.R.S.)

Consecuencias en la Academia

La entidad cortó de inmediato todos los lazos con Arnault apenas se dio a conocer la noticia. Sin embargo, a pesar de la supuesta toma de decisiones con contemplación hacia las víctimas, y la posición de la Academia como una tajante y sin contemplaciones hacia actos como estos, Sara Danius, la ex secretaria permanente de la institución hasta hace algunos días, dejó a los aliados de Arnault como un grupo sin capacidad crítica y con una fuerte tradición machista y patriarcal, asegurando que las jóvenes artistas temerosas y expectantes del circuito no fueron las únicas de las que abusó el dramaturgo, sino que también hubo “esposas e hijas de miembros de la Academia y algunas empleadas”.

Danius encargó un detallado informe a un despacho de abogados tras la publicación de la polémica. Y Arnault no es el único que se ha visto afectado: el informe detalla que Frostenson era socia del club dirigido por su esposo, y que recibió miles de coronas de financiamiento por parte de la institución. También, aseguró que en varias ocasiones Arnault filtró el nombre de los acreedores del Nobel para impresionar mujeres a las que presionaba para tener acercamientos sexuales:

“Al artista le gustaba deslizar de vez en cuando en algunas de sus conversaciones con mujeres a las que trabaja de presionar que él conocía todas las interioridades de la Academia. Y eso incluyó varias veces la identidad del Nobel”.

Sara Danius (Foto: AP).

Ahora el respeto por la Academia se ha quebrado, y temen que su reputación también se vea comprometida muy pronto. Según Matilda Gustavasson, la periodista que reunió los testimonios de las 18 mujeres e hizo público el enorme escándalo:

“Ha quedado claro que mucha gente sabía algo. Había demasiados rumores durante demasiado tiempo; lo que todavía se desconoce es quiénes lo sabían y cuánto”.

Matilda Gustavsson (Foto: Hampus Andersson).

La periodista incluso llegó a relacionar a Arnault con Harvey Weinstein, por su calidad de personaje público e influyente en un medio al que muchos quieren entrar, y su poco pudor al momento de abusar de su poder. Sin embargo, entre las mujeres que dieron a conocer sus testimonios, solo ocho de ellas han acudido a las autoridades; y de esas denuncias, apenas una no ha sido desestimada. Aunque Hakansson asegura que probablemente lleguen más mujeres listas para denunciar sus impasses con el artista. La sociedad sueca está resentida con una institución y un premio que llevan más de 100 años de vida. Y solo el tiempo y los cambios administrativos podrán recuperarla.

2018 sin Nobel

Ahora, muchas personas creen que este año el premio más prestigioso de la literatura mundial no debiese fallarse, y que eso serviría para recuperar la confianza y reparar las heridas dejadas por Arnault y una administración encubridora. 

Una de las propuestas es otorgar dos premios en 2019 (uno para cada año), propuesta con la que está de acuerdo Peter Englund, uno de los miembros que decidió abandonar la institución por temas morales esta semana:

“Dada la situación en la que se encuentra la institución, sería mejor posponer el premio un año. Estamos en el medio de una discusión, no voy a decir nada, pero dentro de poco se aclarará qué ocurre con ese punto”.

El comité de la Academia Sueca (Foto: Henrik Montgomery/TT)

Sin embargo, otros miembros, como Göran Malmqvist desmienten y se muestran en profundo desacuerdo con la propuesta, calificándola de horrible. Malmqvist también afirma que el premio se otorgará normalmente, como todos los años. 

Actualmente, la Academia asegura que no podemos esperar una respuesta de su parte hasta dentro de las semanas siguientes. El escándalo ha dejado a la institución con 7 miembros menos (teniendo 11 en total), y los estatutos no permiten la toma de este tipo de decisiones con menos de 12 representantes electos. 

El Nobel de Literatura solo fue declarado desierto en 1935. La guerra frenó su entrega.

SFuente

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