Lo veo lo leo y me lo creo

Jóvenes y estériles. Las razones que están llevando a los millenials a operarse para no tener hijos

Hasta hace algunas décadas, la paternidad era la única opción posible para las parejas heterosexuales. Se consideraba una forma de perpetuar su existencia y dar una forma a su amor. Los hijos eran la bendición más grande del mundo, y el proyecto de una familia comenzaba y terminaba en ellos. No había otro camino para pensar las relaciones.

Conforme ha pasado el tiempo, las personas se han ido dando el lujo de aplazar cada vez más el tener hijos: los jóvenes comenzaron a privilegiar estudios o carreras. Otros dedicaron su tiempo y sus energías a ahorrar dinero. Intentar viajar o amasar pequeñas fortunas. El proyecto personal comenzó a hacerse más grande que el familiar.

Parece ser que el día de hoy hemos llegado a otro punto (para algunos de no retorno) sobre la conciencia del proyecto de la paternidad en la sociedad. En un mundo donde la información recorre el mundo a velocidades impresionantes, y medios de todo el mundo han comenzado a hablarnos sobre la escasez de agua, las promesas de guerra y el gran impacto que ocasiona la vida humana en el planeta, parecía cuestión de tiempo que las personas dejasen de tener hijos. Ahora, los sobreestimulantes niveles de información, combinados con los proyectos de vida personales que se hacen cada vez más prioritarios, el resultado actual, es la juventud esterilizándose en sus 20’s.

Andie (izquierda), una mujer esterilizada de 28 años, junto a su pareja (derecha) (Foto: Vice).

Llevar un proyecto al extremo

A pesar de que probablemente sus mayores crean que podría arrepentirse, Katelin, de Philadelphia, Estados Unidos, asegura que nunca tendrá ganas de tener sus propios hijos:

“Honestamente, no me gustan los niños. Son gérmenes, molestos y asquerosos”.

Katelin tiene 19 años, y asegura que para ella los humanos menores de cinco años son todo un desastre: sucios, impredecibles y eternamente dependientes. Tan fuerte es su repudio por ellos, que está considerando esterilizarse. Está pensando en una ligadura de trompas, un proceso quirúrgico sencillo (pero en muchos casos irreversible) para asegurarse de no convertirse en madre. 

Para muchos adultos cercanos a Katelin, la muchacha está pecando de soberbia: toma decisiones demasiado apresuradas, y no se da el tiempo ni el espacio para ver si sus decisiones comienzan a cambiar a lo largo de los años. Está en un profundo error. Pero para ella es algo lógico. No está interesada en opiniones ajenas, y mucho menos cuando éstas tratan sobre refutar su idea de su proyecto de vida. Constantemente responde a estos comentarios con un “¿por qué no puedo decidir que no quiero niños?” Así, al igual que muchas otras personas de la generación conocida como millenial, ha pasado a formar parte del “movimiento libre de niños”.

La cadena de noticias BBC se sintió atraída por el movimiento de millenials contra la natalidad, y decidió seguir a algunos de sus adherentes (Foto: BBC Three).

Las otras Katelin’s

La joven de 19 años no es una excepción. El movimiento libre de niños ha tomado tal fuerza que incluso llegó hasta los oídos de los productores de la BBC, y decidieron hacer un documental, al que titularon “Joven y estéril: Mi decisión”. En él, a partir de testimonios a muchachos que rondan los 20 años, se les pregunta por qué han decidido inclinarse por una vida libre de la paternidad, a pesar de que aún no tengan a sus propios hijos. 

Según el documental una de cada cinco mujeres británicas nunca tendría hijos (en los ’70, la cifra era de una cada diez). Y, a pesar de que dos tercios de las vasectomías han fallado durante la última década, los hombres también han decidido tomar parte importante de este movimiento y esterilizarse.

Paul Pritchard tiene 29 años, y su vasectomía fue grabada en vivo para la realización del documental. Él asegura que nunca se vio como un padre. A sus 29 años, declara que los niños nunca representaron un proyecto de vida para él. Y eso no tendría por qué cambiar en algún futuro. Al momento de preguntarle por cómo se sentía después de realizarse el procedimiento, él dio una respuesta llana y sencilla para demostrar que no estaba arrepentido:

“Esto puede sonar un poco gráfico, pero lo único extraño ahora es que mi ducto de esperma ahora está seccionado; tengo cuatro áreas sensitivas. No tengo asuntos a largo plazo, y ya tengo permitido mantener relaciones. Todo funciona perfectamente normal, ¿sabes?”

Paul Pritchard (Foto: BBC Three).

Pero los casos no son lo único que está aumentando. Las razones también se están volviendo cada vez más numerosas (y razonables) para evitar la descendencia. Para esta generación, ya no todo se trata de dinero, viajes o su propia felicidad. Al menos, así es como lo ve Katelin, quien está en tratamiento por una condición psiquiátrica, y un serio problema al corazón. Ella no quiere que sus genes se traspasen a otro ser vivo. Paul opina de la misma forma: asegura que la depresión con la que ha tenido que lidiar toda su vida, y la diabetes tipo 1 que lo ha hecho insulino-dependiente no merecen vivir en otro cuerpo:

“Sería cruel de mi parte obligar a un niño a sufrir lo mismo”.

Andie tiene 28 años, y prefiere no identificarse con un género en específico. Tiene el cabello morado, un prominente y colorido tatuaje en el pecho, y un arete en cada oreja. Y asegura que su decisión reside en un lugar potente y específico: 

“Mi madre era una persona realmente violenta, y dejé de verla cuando era muy joven. Tengo miedo de tener hijos y convertirme en alguien como ella, porque la maternidad está relacionada con cosas muy crueles para mí. No quiero que mis hijos pasen por lo mismo”.

Por lo mismo, Andie decidió esterilizarse el año pasado. Asegura que es la mejor decisión que podría haber tomado en su vida:

“Mejoró muchísimo mi salud mental y mi dismorfia corporal. Nadie nunca frena a las personas que quieren hijos, así que, ¿por qué frenarías a una que no los quiere?”.

Andie (Foto: Vice)

Conseguir un bisturí no es tan sencillo

A pesar de que parezca un procedimiento sencillo, y que sea algo completamente lógico el permitírselo a un adulto, el verdadero desafío para las personas que quieren esterilizarse jóvenes comienza al momento de buscar un doctor que esté dispuesto a realizar el procedimiento. En el caso de Paul, debió esperar 11 años para que el Servicio Nacional de Salud (NHS por sus siglas) del Reino Unido le permitiera acceder al procedimiento subsidiado. Un hombre joven, rodeando los 20 años, y sin hijos, no es un sujeto ideal para una esterilización según la NHS. Según Pritchard:

“Mi primer doctor, que ahora está jubilado, realmente me trató mal. Me mostró estadísticas sobre cómo el 90% de las personas que se hacen una vasectomía se arrepienten de su decisión. Sentía que solo me lo decía por tener 18, y no creer una palabra de lo que estaba diciendo”.

Paul durante la intervención (Foto: BBC Three)

Además de esto, está el largo estigma social que emiten las personas que no están “de acuerdo” con esta clase de decisiones. Hay un sector de la sociedad para el que tener hijos no es una decisión, sino un deber. Y suele ser mucho más duro con las mujeres. Para ellos, una mujer que se niega a su “instinto maternal” (un concepto para nada comprobado, por cierto) es una desnaturalizada y una persona sin corazón. Andie cuenta que, incluso en una ocasión en la que regresó al hospital por otro procedimiento quirúrgico, y los doctores se dieron cuenta de que ya había pasado por un proceso de esterilización, le dieron un sermón sobre lo que había hecho. Andie cree que toda esta parafernalia en cuanto a los hijos, y la incapacidad de aceptar que haya sujetos que no los quieren en sus vidas, tiene que ver con los roles de género definidos:

“Esta idea de que las mujeres deben sentar cabeza, casarse y tener hijos es algo muy moral, ¿no? La vida no se trata solo de reproducción. Para mí esa idea tiene que ver con la concepción patriarcal de que el género es binario, y eso te hace adaptarte y tomar un rol. Me siento muy contra eso”.

Andie y su pareja (Foto: BBC Three)

Además, las personas como Andie han decidido explorar otras opciones en caso de decidir convertirse en padres en algún futuro (sin que la esterilización signifique, en ningún caso, arrepentimiento):

“Hay otras formas de tener hijos que no tienen que ver con haberlos tenido en el útero”.

Andie, entonces, habla largamente sobre la adopción, o la copaternidad: un modelo de familia donde dos personas se unen para criar un hijo sin ninguna pretensión amorosa, o de mantener una relación filial entre ellos dos. Modelos de familia que, además de ayudar a un niño que ha sido vulnerado con anterioridad, y que corre el riesgo de pasar en hogares de menores durante toda su infancia, también funcionan como una forma de reducir el impacto ambiental de ser padres, de no traspasar los genes, y de paso, acaba con el narcisismo biológico fundado en la idea de que un hijo debe llevar los genes de sus padres. 

Sin embargo, para Pritchard no hay opciones, modelos, ni métodos que puedan convencerlo de ser padre. Asegura que prefiere llegar a morir sin hijos, sabiendo que nunca se arrepentirá de haberlos tenido; que de morir con hijos y arrepentido de haberse convertido en padre. Por otro lado, Katelin no tiene problemas con mantenerse utilizando métodos anticonceptivos durante algún tiempo, pero asegura que apenas pueda, se hará el procedimiento de esterilización. Asegura que solo vive para sí misma: para su tiempo a solas, con su pareja; dice querer tiempo para viajar, poder gastar dinero en lujos. Y no cree que haya algo malo en eso:

“Mi generación vive en un mundo roto. Venimos de hogares rotos, y nuestras almas y cuerpos están rotos. Muchos de nosotros no queremos reproducirnos. Es mi vida. Y no estoy dañando a nadie”.

¿Qué podemos decirle a estas personas? Nada. Después de todo, Katelin tiene razón. Es su vida, y no está dañando a nadie. Solo esperemos que aquellos que sí decidieron ser padres se preocupen de construir un mundo mejor para esas futuras generaciones. 

SFuente

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.