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Los muxes: un tercer género entre lo masculino y lo femenino que se toma con fuerza todo México

La deconstrucción del género es uno de los temas más importantes de la década. El volver hacia nosotros mismos, reconocernos, estudiarnos, y en algunos momentos darnos cuenta de que esa supuesta oposición binaria de los sexos no es tan real, representa un paso y un momento importante en la sociedad en la que vivimos actualmente. Para muchos de nosotros ha sido algo difícil. Un proceso arduo y duro en el que los principales participantes (personas homosexuales, bisexuales, transexuales, o que no se sienten identificadas con ningún género) han luchado incansablemente por una participación y una visibilidad cívica y social más justa y completa. 

Los muxes 

A pesar de que esta producción de conocimiento tan lejana pueda sonar a sociedades mucho más “avanzadas” que la latinoamericana, como lo podrían ser los países más desarrollados de Europa, lo cierto es que los latinos también hemos estado preocupados por descubrir nuestra propia identidad sexual, de género y afectiva. Así lo han demostrado los muxes, personas mexicanas que nacen y viven en cuerpos de hombres, pero se sienten más cercanos a las actitudes y la forma de vivir que hemos designado socialmente como “femenino”. Un sistema de conductas que muchos han decidido determinar como una suerte de tercer género. 

Nelson Morales/The New York Times

Los muxes están concentrados casi en su totalidad en el istmo de Tehuantepec, una región al sur del país. Esta distancia, su particular determinación y su forma de asociarse a su género, ha hecho que la comunidad de los muxes se haya convertido en una suerte de mecca para fotógrafos, periodistas y artistas de todas partes del mundo. Ellos, ansiosos por conocer las costumbres ajenas, llegan hasta el istmo para retratarlos y hacerles preguntas, pero según Nelson Morales, un fotógrafo que documentó a los muxes para el New York Times con resultados asombrosos, todos vienen a ver las cosas desde, más o menos, un mismo lente:

“Muchos artistas vienen a Juchitán, pero siempre hacen los mismos reportajes, con el mismo punto de vista desde el exterior”.

Nelson Morales/The New York Times

Morales nació en Tehuantepec, pero también admite que esta distancia que genera la sexualidad no tiene nada que ver con la cercanía geográfica: la primera vez que él fotografió a los muxes también le parecían sujetos exóticos y lejanos.

En un principio, al fotógrafo le costó mucho conectar con la comunidad muxe. A pesar de ser “pintorescos” o “extraños” (palabras que de seguro gustarán a quienes gozan mirándolos desde lejos, sin buscar establecer ningún tipo de vínculo real con ellos), sentía que no podía acercarse a ellos más que con ese prisma de la belleza superficial. Sin embargo, un profesor de fotografía lo impulsó a adentrarse en sí mismo y en su oficio. En un principio, Morales se hizo algunos autorretratos y, al día siguiente, salió con algunos muxes. Ahí, asegura, se volvió parte de la escena.

Nelson Morales/The New York Times

A pesar de que, como se mencionó anteriormente, tendemos a pensar en la deconstrucción del género (y la construcción de otros nuevos) como algo relativamente nuevo, lo cierto es que los muxes han sido parte de la cultura zapoteca durante generaciones: ligados a una forma de vivir su género y su sexualidad de una forma alejada y desinteresada en la revolución social y los medios de comunicación, Morales asegura que es difícil que ellos sean bien vistos en México. En un principio, incluso, llegó a sentir rechazo hacia su comunidad, y a cualquier oportunidad de formar parte de esta.

Nelson Morales/The New York Times

Los documentos revelan una identidad

Aunque siempre sintió cierta resistencia por los muxes, no pudo aguantarse a retratarla. Morales sentía una profunda intriga por aquellas personas que habían nacido como hombres y que, en algún momento, habían decidido que sus conductas estaban más asociadas a lo femenino. Esto sin, necesariamente, querer buscar un cuerpo igual al de las mujeres. Para los muxes, la femineidad tiene que ver más con los roles (ya sea en el aspecto sexual o social) que con la construcción de un cuerpo que se define de cierta manera.

Nelson Morales/The New York Times

En 2010, a Morales lo llamaron desde una comunidad muxe solicitándole que fotografiase un concurso de belleza. Allá, fue bien recibido por los muxes. Intrigado y con ganas de generar más cercanía, quiso acercárseles, y continuó fotografiando a la comunidad. Las fotos terminaron por armar una suerte de lazo entre los muxes y su fotógrafo. Un día, lo invitaron a salir con ellos. Entonces, algo pasó. En sus propias palabras:

“Entré con la cámara y ahí algo cambió. Algo explotó, algo pasó y, desde ese momento, no he parado de crear autorretratos ni de ser parte de la escena”.

Ese fue uno de los momentos más determinantes para la vida del fotógrafo: además de haber encontrado un discurso estético que quería reproducir en su obra, había descubierto su identidad como muxe. 

Nelson Morales/The New York Times

Desde entonces, Morales fotografía concienzuda y talentosamente a los muxes. Asegura que sus fotografías no pretenden ser un registro documental, sino reflejar una realidad más sensible que cualquier otra cosa. En las fotos de Morales, un alegre muxe logra captar todo el desafío a las imposiciones de género e identidad: cabelleras largas, lencería y pechos peludos en las mismas fotos. Muxes jóvenes que, de la mano de sus familias, logran comunicarnos que pertenecen a un espacio mucho menos prejuicioso que el nuestro. Lugares en los que una barba y una falda no pretenden demostrar más que una forma de relacionarse consigo mismos. 

El fotógrafo habla sobre su trabajo:

“Ya sabes, la realidad de la vida es subjetiva. Algunas veces esos niveles de realidad pueden aumentarse un poco en este mundo de fantasía. He vivido en la cultura muxe, en esas noches de fiesta y de salir a divertirme, de fantasía, de sexo, de libertad de los muxes, he sido parte de eso. Y por eso puedo interpretarlo de esta manera”.

Nelson Morales/The New York Times

Morales parece querer dejar una suerte de misterio en sus fotografías. Él asegura haber salido en cerca de un tercio de ellas. Intenta hacer que los cuerpos se fundan. Al igual que con ese lugar indeterminado en el que se ha convertido la sexualidad, hacer lo posible por generar un nuevo espacio dentro de la identidad de los propios cuerpos. Así fue como lo hizo cuando se unió a esta fotografía esperando que los dos cuerpos “fueran uno solo” asegura. Entonces, su novio apretó el botón y captó la imagen. 

Nelson Morales/The New York Times

El fotógrafo continúa hablando de su experiencia:

“Encontré un lugar especial en ese espacio muxe, en ese mundo de absoluta fantasía, erotismo, contradicciones; de tantas cosas que yo no conocía y que he descubierto y sigo descubriendo y buscando.

Me gusta que el espectador reflexione o quizás se sienta un poco incómodo”.

Nelson Morales/The New York Times

A pesar de que Morales sabe que el acercamiento a la cultura muxe jamás podría ser visto por todos con una misma disposición cercana y abierta en cuanto al aprendizaje de un nuevo género, asegura que no se preocupa. Sabe que son los gajes del oficio y que, a pesar de eso, sus fotografías siguen llegando a algunos. Mientras pueda continuar invitando a la reflexión, todo se mantendrá en paz consigo mismo, con su trabajo y su nueva identidad, asegura.

SFuente

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