Lo veo lo leo y me lo creo

Marielle Franco, la mujer que nació en una favela, se convirtió en referente y mataron a sangre fría

Maré es el complejo de favelas más grande de todo Río de Janeiro. Si pensamos en este lugar, incluso con la mañana completamente abierta, y el sol sobre las cabezas, perderse no es difícil. Según el censo del año 2000, 113.000 personas pueblan estas subidas (aunque ahora se presume que son más de 140.000). Cerca de 27.000 de ellos están bajo la línea de la pobreza que demarca el estado. El resto, desgraciadamente, es parte de lo mismo que cualquiera pensaría. Policías, narcotráfico, delincuencia. Varios muertos al año. Dependiendo del caído, la gente condena o aplaude.

Ella nació en Maré, y fue bautizada como Marielle Franco. Mujer, negra, lesbiana y pobre; algunos dicen que lo que la hizo consciente de su entorno, fue la muerte de su mejor amiga siendo aún muy joven. Una bala perdida le atravesó la piel.

Desde entonces, Marielle dedicó su vida a denunciar la violencia. Partió por las favelas. Entró a la universidad y, a pesar de quedar embarazada con apenas 18 años, y ser obligada a dejarla durante un tiempo, eso no la detuvo. Con una bebé a cuestas, retomó una carrera incompleta de sociología yendo a clases nocturnas. Ganó una beca en una de las universidades más prestigiosas de su país, y se especializó en la administración pública. Quería entrar en la política, pero antes de tocar la puerta del congreso, todos los que habían oído hablar de ella sabían que estaban frente a una activista importante.

PSOL

Reconstruir la favela

En el 2006, y con tan solo 26 años, Marielle se convertía en la asistente parlamentaria de Marcelo Freixo, un diputado con prestigio de revoltoso frente a las organizaciones policiales de Río. Tanto así, que recibió una serie de amenazas de muerte durante su tiempo en la política. Su único error había sido dirigir una comisión parlamentaria sobre las milicias que esparcían el terror en las favelas. Franco estaba aprendiendo de un político con ética, pero no estaba conforme. Así que esperó pacientemente su momento. 10 años después, se presentó como candidata para el Concejo Muncipal.

A sus 36 años, Marielle Franco se estaba convirtiendo en la legisladora municipal más votada en las elecciones. Sumó más de 46.000 votos. Afiliada con el PSOL, Partido Socialismo y Libertad, que se fundó el 2004, quiso expandir una filosofía apoyada en el socialismo democrático y el trotskismo.

Después de la elección que consagró su aplastante victoria, le declaró al periódico de la PUC, su ex casa de estudios que:

“No esperaba reunir más de 6.000 votos. Estoy muy feliz porque es una respuesta en las urnas para aquellos que quieren alejarnos de los debates. Nosotras, las mujeres negras de las favelas”.

Mídia Ninja/PSOL

Durante el 2014, y 15, el Complexo da Maré sufrió una ocupación militar ordenada por el ahora presidente Michele Temer. Los soldados se alinearon en las calles, y estaban preparados para enfrentarse a cualquier situación con toda la hostilidad posible. Muchos residentes denunciaron abusos. Pero esas voces no lograban expandirse hasta salir de la favela. Los números de las fuerzas policiales de Río de Janeiro no sugieren, precisamente, paciencia y diálogo: según el Foro de Seguridad Pública de Brasil, 925 personas murieron durante el 2016 en operativos policiales. Se cree que durante el 2017 fueron más de 1.000.

Marielle, entonces, se volvió parte de una comisión municipal. Su único objetivo era que se corriera la voz sobre los abusos de los militares en la favela. Fue una de las pocas personas que se pronunció abiertamente en contra del ejército. En un vídeo, ella y varios artistas hablaron abiertamente de la crisis que llevó a la ocupación como una farsa.

Pero la violencia policial no fue lo único que enfocó el lente de Marielle. Completamente consciente de su condición de mujer, lesbiana, y madre; y el mundo en el que se estaba desenvolviendo, supo que también debía resistirse contra la violencia machista y racista. Luchó fuertemente por los derechos de las mujeres, y presentó un proyecto de ley para que Río de Janeiro llevara a cabo un estudio sobre la violencia contra ellas en la favela. Quería darle voz al género.

9 balazos

La noche del miércoles, Marielle viajaba en coche por el centro de Río de Janeiro. Venía de un acto político. La noche anterior, había publicado un mensaje en contra de la ocupación militar en Río en su cuenta personal de Facebook. El tema era un muchacho que había sido herido de muerte en una favela:

“Otro homicidio de un joven que puede entrar en la cuenta de la Policía. Matheus Melo estaba saliendo de la iglesia ¿Cuántos más tienen que morir para que esta guerra acabe?”

Mídia Ninja

En el ataque también murió el conductor de su vehículo; y su asesora política recibió heridas que no eran de gravedad. El ataque fue efectuado por dos tiradores. Estaban en otro vehículo. No los identificaron. No robaron nada.

Marielle tenía 9 agujeros de bala en el cuerpo. 5 estaban en su cabeza.

FP

En el último vídeo en el que se le ve viva, está participando en un debate público en el barrio de Lapa. Ahí, se le ve con una camiseta azul y pantalones con un diseño floreado. Tiene el cabello rubio, y escucha pacientemente a las mujeres que le cuentan, ansiosas, sus experiencias.

Marcela Lisboa, amiga personal, y miembro del PSOL, le aseguró a la agencia France Presse que:

“Marielle sonreía, fuerte, segura de sí misma y con los pies en el suelo. Miraba a la gente a los ojos; era diferente a los demás funcionarios electos que he conocido”.

Durante todo el jueves, Brasil lloró a gritos la muerte de Marielle. El canto “Luto e luta” (Luto se transforma en lucha) fue la consigna del día. Las calles rezaban que la policía asesina no los haría callar, y consagraron a Marielle como “Mujer guerrera que murió por el pueblo”. La gente se congregó en las puertas del cementerio de Caju, la zona portuaria de Río. Ahí, despidieron a Marielle.

Ahora, varias organizaciones internacionales exigen una investigación urgente y transparente. La ONU y Amnistía Internacional están sobre Brasil.

Primeros años

Casi al otro extremo de Brasil, está São Luís do Maranhao, una ciudad de 827 kilómetros cuadrados donde nació, hace 88 años, José Ribamar Ferreira, poeta y artista visual que, años más tarde, fue conocido como Ferreira Gullar. Hablo de él porque, en otro tiempo y otro lugar, escribió la única despedida con la energía suficiente que podría merecer alguien como Marielle. Reflejando a un Brasil, y una Latinoamérica que a muchos, podrá llegar a sonarnos atemporal:

“Para una vida de mierda nací en 1930 en la Calle de los Placeres. En las tablas viejas de parqué por donde me arrastré, conocí cucarachas, hormigas cargando espadas, arañas enormes que nada me enseñaron excepto el terror. Frente al muro negro del patio las gallinas picoteaban, el girasol gritaba asfixiado. Lejos del mar (lejos del amor). Y sin embargo el mar yacía cerca, detrás de miradores y palmeras, envuelto en su ruido azul. Y las tardes sonoras rodaban claras sobre nuestros tejados, sobre nuestras vidas. Y de mi cuarto yo oía el siglo XX parloteando en los árboles de la quinta.

Después me levantaron del cuello, me refregaron en el barro, me patearon los huevos, y me soltaron atontado en plena capital del país sin tener siquiera un arma en la mano”.

SFuente

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