Lo veo lo leo y me lo creo

Por su mala conducta, le dio una paliza a su hija en la escuela. El problema de pegar para “enseñar”

Los correctivos a los hijos son un tema que se ha extendido durante generaciones y que, afortunadamente, están cada vez más vetados en la sociedad occidental. Los retratos de época parecen ser siempre una construcción ideal de un tiempo que fue mucho mejor: si pensamos en los años ‘5o, por ejemplo, probablemente solo se nos vengan a la cabeza imágenes maravillosas sobre ciudades en ciernes que se convertirían en grandes metrópolis; hombres elegantes envueltos en trajes carísimos que pueden fumar todo el día amparados en la ignorancia de las consecuencias; y enormes y elegantes casas a precios aún accesibles en la época en la que la población seguía sin explotar. Claro, bajo esas normas imaginativas todo parece funcionar a la perfección, pero al hacer esos ejercicios olvidamos el machismo arraigado y acérrimo de la época, y las brutas formas de crianza. 

Ahora, parece ser que los padres han logrado adquirir mayor conciencia sobre las posibles consecuencias de golpear a los hijos: según estudios recientes, los golpes no solo son inútiles como correctivos, sino que incluso podrían potenciar el desacato a la autoridad y otras actitudes rebeldes de los muchachos que son golpeados por sus padres. De acuerdo a la opinión de los expertos, en lugar de “mejorar” las cosas que ellos esperan, los golpes no hacen más que empeorarlas. 

A esto hay que sumarle que la cultura de la información inmediata en la que vivimos, aporta a que la visión de los padres sea más transversal y unánime: hoy en día, programas de televisión, páginas de internet y redes sociales condenan los golpes a los hijos. Con tanta sobreexposición ante el tema, parece que termina siendo algo lógico que las palizas con el fin de “corregir” actitudes que creemos condenables, son un severo error que los padres deben frenar y revisar.

Miami, 14 años

Pero resulta que en temas como estos, nunca hay consensos totales sobre la manera correcta de actuar. Y esta vez un oficial de policía fue quien lo demostró contra su hija de 14 años. 

Miami-Dade’s State Attorney’s Office

El pasado 19 de marzo, Raymond Rosario, un hombre de 44 años y que lleva 24 ejerciendo como policía de Miami, fue llamado a la escuela a la que asiste su hija de 14 años. La razón para el llamado de atención y la citación, era que la adolescente le habría faltado el respeto a su profesor.

Rosario acudió molesto a la escuela. Y, en la sala de espera de la escuela, donde aguardaba a que su hija regresara de su charla con el director, el hombre no estuvo dispuesto a controlar más su ira y en un terrible arranque de agresividad, tiró del cabello de su hija y la golpeó con sus puños y cinturón. A pesar de estar en un recinto educacional, con otras dos personas además de su hija en la misma sala, y con la obvia sospecha de que el circuito cerrado de televisión del establecimiento lo captase (cosa que finalmente pasó), ninguna de esas posibles advertencias ni consecuencias lo frenaron al momento de agredir brutalmente a su hija.

En el vídeo se logra ver que, a pesar de no haber estado solo en la sala, ninguna de las otras dos personas que pueden verse en el vídeo son capaces de intervenir la situación. Ellas, ambas mujeres, miran de reojo al agresor e intentan mantenerse en sus actividades con la mayor calma posible. Según un reporte de la NBC sobre el ataque del abusivo padre, se cree que una de las mujeres del vídeo, la que está sentada del otro lado del mesón y fue captada con mayor facilidad por la cámara, era una mujer embarazada que se sintió demasiado atemorizada como para poder intervenir en la situación. No se refirieron a la otra mujer, pero es fácil suponer que cualquier persona se sentiría, a lo menos, intimidada ante la agresividad de un hombre que trata a su hija de esa manera. Además, se está hablando de un funcionario público de la ley: una persona que tiene un vasto entrenamiento teórico y práctico sobre cómo reducir a otros mediante el uso de la fuerza.

Miami-Dade’s State Attorney’s Office

Gracias a la entrega de las imágenes de las cámaras, Raymond Rosario fue detenido y recibió cargos por abuso infantil. El 2 de abril debió entregarse a las autoridades. En el informe del arresto, al que tuvo acceso el periódico local The Miami Herald, se declara que la joven le habría dicho a la policía que “no sufrió de ninguna herida demasiado seria ni visible” después de la golpiza.

Actualmente, el oficial se encuentra suspendido de sus actividades (a pesar de que le mantienen la paga), y se espera que deba pagar una multa más o menos alta. De no recibir ninguna pena de cárcel efectiva, Rosario podría volver a sus actividades en la fuerza policial. 

Miami-Dade’s State Attorney’s Office

La escuela también decidió emitir un comunicado en el que se declara que una de las mujeres presentes estaba embarazada, y sus nervios no le permitieron intervenir ante la estresante situación. Al igual que la NBC, tampoco se refirieron a la otra mujer. En la declaración la escuela también aborda el problema del abuso de los padres hacia sus hijos:

“La escuela siguió el procedimiento para denunciar el desafortunado incidente que ocurrió en la oficina. Los testigos lo reportaron a la administración tan pronto como el padre abandonó el edificio, y el establecimiento inmediatamente lo reportó al departamento de Niños y Familias, quienes se hicieron cargo de cumplir la ley. La escuela aún está investigando el incidente y el protocolo.

El padre, quien es un oficial de policía y suele visitar la escuela con su uniforme, se entregó a las autoridades.

La persona que presenció el acto es una futura madre que no sabía si el padre portaba un arma. Asegura que, en el momento, temió tanto por la seguridad de la víctima como por la de su hijo no nacido”.

“A mí me pegaron y así aprendí”

Al enfrentarse a casos como estos, la opinión de los padres suele estar dividida sobre la moral de un acto de esa naturaleza. Algunos tienden a sostener que no hay nada malo en golpear a los hijos, pues el miedo generado ante los golpes tiende a evitar las conductas que llevaron a esa situación. Muchas veces, esos mismos padres tienden a desestimar las opiniones ajenas asegurando que ellos tuvieron una crianza normal bajo esos mismos criterios. 

Miami-Dade’s State Attorney’s Office

Generalmente, el círculo de la violencia es uno que tiende a perpetuarse. Si los padres golpean a los hijos, las posibilidades de que ellos repitan estos modelos de castigo se disparan. Los padres abusadores fueron, casi siempre, hijos abusados durante su infancia. 

A estas alturas, parece seguir siendo necesario preguntarse dónde se acaban los derechos de los padres por sobre los hijos. Pues, a pesar de estar obligados de brindarles educación y sustento, estos son sujetos, y no representan un bien propietario del que ellos puedan disponer a su antojo. Y, bajo esta lógica, el golpear a un hijo (sin importar si es o no de una manera tan frenética como la del padre del vídeo) es un acto que merece consecuencias inmediatas de parte de las autoridades.

Miami-Dade’s State Attorney’s Office

Probablemente muchos sigan pensando “a mí me golpeaban y crecí sin ningún problema”, pero es hora de darse cuenta que el solo hecho de crecer para reproducir esas conductas con los hijos, ya es un problema en sí mismo.

SFuente

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