Lo veo lo leo y me lo creo

“Sé dulce, limpia y calladita”: La sociedad critica este manual pero sigue perpetuando violencia

Siempre debe lucir perfecta, una dama. Debe tener lista la cena, ser dulce y muy, muy interesante. Después de preparar a los niños para su llegada, tiene que cuidar la comodidad de su esposo y hacerlo sentir en el paraíso; eso le brindará una enorme satisfacción personal. Estas ideas completamente irrisorias, machacaron el cerebro femenino a mediados de los años 50s.

Cuesta entender cómo una mujer escribió un manual tan anacrónico, en una época donde la figura femenina no solo se relacionaba a las labores domésticas y el cuidado de los niños: muchas mujeres trabajaban, tenían derecho a voto y ya dos clásicos del feminismo mundial estaban en las librerías del mundo: “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir y “Un cuarto propio” de Virginia Wolf.

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Quizás para entender el contexto del escrito, se debe examinar su origen: fue escrita en 1953 por la española Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio Primo de Rivera….

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Él fue fundador de la Falange Española, partido político de extrema derecha con ideas fascistas, e hija de Miguel Primo de Rivera, dictador español de la década de 1920. Ella además fue líder de la Sección Femenina de la Falange.

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La construcción de la sociedad en base a pares opuestos por sus características biológicas sexuales, ha hecho que por años exista una gran desigualdad entre ambos sexos, a raíz de la cual la violencia es parte de la forma extrema del control social.

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Esto nos lleva a la estructura de dominación que tal como explica la socióloga Teresita de Barbieri en su obra Sobre la Categoría de Género, se construye no solo en la violencia en sí, sino que las relaciones sociales, económicas, políticas e ideológicas también forma parte de estas estructuras.

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Aunque este manual nos parezca una tremenda estupidez en la actualidad, nos sirve para poder ver más allá: en el mundo actual que vivimos todavía hay distintas formas de violencia hacia el género dando vueltas. 

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Que insconcientemente lo seguirmos perpetuando, como un patrón del mal. 

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Los patrones sociales son culpables también

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Nos han educado en una sociedad que busca que todos compitamos, un mundo donde la crítica es a diario, donde nuestro cerebro constantemente nos está diciendo lo que “debes hacer socialmente”. Por esta razón es que muchas veces nosotras mismas perpetuamos violencia hacia nuestros pares. Estas son algunas de esas actitudes:

“Deberías ser más prudente”, “ser más señorita”, “esa es puta”, “siempre sonríe”, “sé educada”, “¡qué mala madre!”, “¡qué mala hija”, “Ella es una bruta”, “tarada”, “ridícula”, “lechona”, “horrible”.

Pero tranquila, no te sientas mal. No es fácil desconstruir lo que te han enseñado desde que prácticamente estabas en el vientre.

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Desprenderte de algo que aprendiste desde pequeñita no es de un día para otro, pero puedes cambiarlo a diario escuchándote e identificando esas acciones que debes suprimir de tu cerebro.

Lo falso

En el último tiempo las redes sociales se han plagado de mensajes que buscan el respeto y proteger la vida de las mujeres. Pero luego en las mismas plataformas se critica y violenta a mujeres u hombres por ser distintos.

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Si la definición de feminismo es la lucha por la reivindicación de los derechos de las mujeres, que por años fueron suprimidos por la sociedad machista, me pregunto ¿cuál es la diferencia entre un manual escrito en 1953 y la violencia constante hacia el género en la actualidad?

Creo que no hay una gran diferencia. Pero eso lo podemos cambiar con pequeños actos desde el interior de nosotros mismos con una visión hacia lo colectivo. Para después valorar a cada persona como es.

Es necesario construir una sociedad con las mismas oportunidades, sin jerarquías ni distinciones de raza, etnia o clase. Debemos construir un futuro mejor para las próximas generaciones.

Dejemos todos los manuales retrógrados en el pasado, calla esa voz que solo quiere juzgar a la persona del lado y levantemos una sociedad sin violencia, con más igualdad entre todos.

SFuente

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