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“Vegasexuales”: cuando la ética veganista se lleva hasta las sábanas de la cama

Cada día son más las personas que deciden cambiar su alimentación para abrazar el veganismo, que como ya casi todos saben, se trata de una forma de alimentación que se basa en productos que no sean de origen animal, no solo eliminando la carne de sus dietas, sino que también la leche, el queso y hasta la miel. A eso hay que sumarle el desprecio por la ropa que tiene origen animal y los cosméticos, que muchas veces son probados en animales.

Ahora hay un paso más allá para los veganos, y es llevar la filosofía por el cuidado de los animales al dormitorio. En la Universidad de Canterbury -que queda en la ciudad del mismo nombre en Nueva Zelanda-, se hizo un estudio en el que su coordinadora, Annie Potts, terminó por acuñar un nuevo termino en torno al veganismo: los “vegasexuales”. O dicho de otra forma, gente vegana que se rehúsa a tener relaciones con personas que continúan comiendo carne. 

Esto no es una cosa tan rebuscada como se podría pensar, si ya las ideologías han creado casos parecidos, como cuando un religioso se niega a tener una relación con una persona que no comparta su misma fe, o el no estar con alguien fumador, por dar algunos ejemplos. La diferencia es que los vegasexuales no quieren tener estas relaciones por miedo a contaminarse con las partículas y proteínas de origen animal, en específico por medio de las secreciones. Pero, ¿qué piensa la gente que se define como vegasexual?

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Los testimonios de los “vegasexuales”

La mayoría de las personas que participaron del estudio -y que podían ser encasilladas dentro del vegasexualismo- decían sentir principalmente un olor diferente en la gente omnívora, algo que ya desde el comienzo les hace alejarse de ese individuo específico. “Las personas que siguen una dieta carnívora son una especie de cementerio de animales”, dice una de las personas que participó del estudio. “No me gustaría tener relaciones con alguien cuyo cuerpo está compuesto, literalmente, por restos de seres vivos que murieron para ser su sustento”, dice otro participante. “Incluso cuando encuentro a alguien realmente atractivo, no quiero acercarme físicamente si su cuerpo deriva del consumo de carne. Para mí esto constituye mi ética sexual personal”, explicaba otra participante del estudio, de 41 años. 

La directora en España de la asociación por los derechos de los animales -AnimaNaturalis-, Aída Gascón, puede comprender que alguien vegano no quiera besar a alguien que coma carne, dice que donde algunos ven un rico plato de albóndigas ella solo puede ver un montón de músculos triturados, por lo que no es difícil pensar en no darle un beso a alguien que se acaba de poner eso en su boca. Pero aún siendo una vegana militante, Gascón no llega al extremo de la vegasexualidad. “Normalmente, los veganos somos activistas, participamos en manifestaciones y somos muy inquietos, por lo que no es nada extraño que terminemos encontrando a nuestra pareja en este círculo”.

Al final, todo este tema se parece bastante a lo que sucede normalmente en los trabajos donde suelen armarse parejas. Gente que comparte gustos suele tener una predisposición a entablar relación con esa persona. “¿No es habitual encontrar parejas de periodistas que se han conocido trabajando en un medio de comunicación?”, pregunta Gascón antes de continuar: “Pues esto es algo similar”.

 

Aída Gascón, directora en España de AnimaNaturalis

¿Qué dice la ciencia?

“Puede ser que la saliva contenga partículas animales, pero el resto de fluidos, como el sudor u otras secreciones, son desechos de elementos ya procesados y reconvertidos en los que esas proteínas han desaparecido”, dice tajantemente Ignacio San Segundo, bioquímico clínico. Según cuenta, cuando el alimento alcanza el estómago, los distintos componentes -sean de origen animal o vegetal- terminan creando lo mismo, por lo que no ve diferencia entre las secreciones de un vegano con las de alguien omnívoro.

Entonces, esta vegasexualidad más que tener un asidero científico en el cual basarse, es una cosa de los gustos y de la ética que tenga esa persona con la que uno se quiere relacionar. Jon Amad, director de la fundación Pro Vegan, opina: “Las diferencias de opinión entre las personas pueden hacer que el atractivo sexual se esfume, por eso veo que se trata de algo más ideológico que biológico. Nosotros somos veganos porque estamos en contra de que los animales mueran para servir de alimento, y eso influye en nuestras preferencias amorosas; siempre nos sentiremos más cómodos con alguien que comparta nuestras inquietudes que con alguien que las vea extrañas o exageradas”, dice en una opinión bastante parecida a la de Gascón, quien a su vez nos da un ejemplo muy instructivo para comprender una situación así: “Es como cuando alguien deja de fumar y se pasa al otro lado, al de la intolerancia al tabaquismo. Habitualmente, si se adopta la filosofía vegana no se es capaz de entender cómo el resto del mundo no se da cuenta de que está en un error, y eso les hace generar un rechazo radical a intimar con alguien que come carne”.

Al final, el problema tiene más que ver con una preferencia específica de la persona que esté a tu lado, que con una respuesta fisiológica al consumo de productos animales. Si bien es innegable que en la saliva sí se pueden mantener restos de carne que puedan terminar consumiendo los veganos de la relación, las demás secreciones -como el sudor- no tienen ese problema, por lo que no debería ser acuñado como excusa para no estar con alguien. Ahora, si lo que quieres es simplemente estar con alguien que comparta tu veganismo, tampoco hay nada malo en eso. 

¿Qué opinas del vegasexualidad? ¿Conoces alguna persona que se identifique con eso? 

 

 

SFuente

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