Lo veo lo leo y me lo creo

El Informante: la cinta donde Liam Neeson por fin no actúa de asesino y que no me convenció del todo

La historia de Mark Felt es una de las más interesantes sobre filtraciones hasta el momento. Primero porque provocó un escándalo en la Casa Blanca e hizo que el presidente Nixon se viera obligado a renunciar; y segundo porque el personaje de Felt y su relación con la prensa fue increíblemente intrigante para todos hasta el día de hoy.

Sony Pictures Classics

Mark Felt filtró documentos secretos del FBI a diarios norteamericanos sobre el caso de Watergate en el que estaba involucrada la presidencia de Estados Unidos y adoptó el sobre nombre de Garganta Profunda en los periódicos del país. Como consecuencia, generó una crisis política de proporciones en 1972.

Por eso es que una película como “El Informante”, en la que se cuenta la vida de este ex Director Asociado del FBI, llama muchísimo la atención o por lo menos eso me ocurrió a mi. Porque a pesar de que ya existan otras versiones de la historia, tener a Liam Neeson (“La Lista de Schindler”) como protagonista siempre es un plus.

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Pero empecemos con las cosas que sí me gustaron de la cinta: para variar, Neeson. Y no es que hiciera el papel de su vida porque sabemos que cualquier rol que se le proponga que tenga que ver con convertirse en un hombre misteriosamente sospechoso y donde haya ilegalidad involucrada, le saldrá de maravilla. 

Además, hay que destacar que esta película no es de acción y Neeson últimamente se había estancado en roles protagónicos que solo le exigían correr con una pistola detrás de delincuentes que habían secuestrado a su hija. Así que la interpretación de esta estrella de Hollywood sí es algo que se agradece en esta cinta.

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Pero por otra parte, la historia no está del todo lograda como le habría gustado a un espectador que espera ver engaño, corrupción y misterio (como se sabe que existió en la vida real). Porque, a pesar de que nos cuentan los sucesos tal cual sucedieron, quedan muchos aspectos interesante atrás que ni siquiera se tocan.

Uno de ellos es la relación de Felt con la prensa de la época. Que, la verdad, tiene muchas características cinematográficas para hacer de cualquier cinta algo interesante. Por ejemplo, en su momento, el periodista Bob Woodward de The Washington Post comentaba que para comunicarse con Felt tenía que poner una bandera roja en su departamento.

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O que Felt, cuando quería darle información valiosa a Woodward, le dibujaba un reloj con la hora del encuentro en la página veinte del New York Times (diario que recibía todos los días Woodward). Esos sí son anécdotas interesante de contar en una película. Porque la verdad es que en “El Informante” no nos queda claro cómo es la comunicación entre Felt y los periodistas. Estos últimos se muestran como un mero desconocido que está ahí para escuchar la información. Aspecto que se desperdicia, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los periodistas es interpretado por el buenísimo actor Bruce Greenwood (“El juego de Gerald”).

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Y en la misma línea, en la cinta no se muestra casi nada de filtraciones a la prensa. Y nos preguntamos cómo fue que Felt logró algo tan enormemente significativo si tuvo tan pocas instancias con sus “topos”.

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Otro lado de la historia que tampoco se desarrolla muy bien es la desaparición de la hija de Felt, que se introduce a mitad de la película y que no logra su objetivo: mostrarnos el lado más humano de este agente del FBI. Un personaje tan correcto como Felt va perdiendo sus estribos y la hija debiese ser uno de los factores que lo quiebra, pero la verdad es que poco se muestra de ellos y no es verosímil lo que logramos ver. Como por ejemplo, que perdone a la madre después de tantos años de abandono.

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Estos detalles son los que hacen que la película no se convierta en una para el salón de la fama. Porque admitámoslo, no es realmente mala, de hecho yo la disfruté bastante. Pero me hubiese gustado que fuera aún más profunda. Quedé decepcionada.

SFuente

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