Lo veo lo leo y me lo creo

La historia del humilde conserje que creó los Cheetos más picantes y populares que existen

Lo creas o no, detrás de cada bolsa de Cheetos Flamin’ Hot se esconde la curiosa historia de un hombre al que la vida le cambio por completo. Richard Montanez proviene de una familia mexicana asentada en Estados Unidos y creció en California. Fue en este mismo estado donde en 1976 consiguió empleo como conserje en una de las plantas de patatas de Frito Lay.

FoodBeast / Cheetos 

Richard no había terminado el colegio, le costaba trabajo entender el inglés de sus profesores y había preferido comenzar a trabajar inmediatamente. Fue allí donde se encontró con un mensaje que lo inspiró de forma especial. Se trataba de un video donde el presidente de la compañía se dirigía a los trabajadores. En él, los invitada a actuar y pensar como si fueran los dueños y no simples empleados:

FoodBeast / Cheetos

“Miré a mi alrededor y no vi que mis compañeros de trabajo reaccionaran. Pero para mí esta fue la oportunidad de hacer algo diferente”.

– Richard Montanez a FoodBeast.

Un día, como si el destino lo hubiese estado esperando, una de las máquinas de la planta (que producía Cheetos) se averió y dejó una cantidad de snacks sin su brillante y característico aderezo naranjo. Intrigado, Richard tomó unos cuantos y los llevó a casa con la idea de aderezarlos con ají en polvo. Se había inspirado en la popular receta de elote con ají, un snack mexicano que se vende en todas las calles del país.

“Siempre veía al hombre de los elotes ponerles mantequilla, queso y ají y entonces pensé ‘¿qué pasaría si le pongo ají a los cheetos?’”

I’m not the king of the jungle, but I am duke of aisle 7.

A post shared by Chester Cheetah (@cheetos) on Sep 29, 2017 at 10:02am PDT

Su familia y amigos lo probaron y amaron el sabor. Fue allí que comenzaron a insistirle que lo presentara como una nueva propuesta. Después de conversarlo con la secretaria del gerente, Richard consiguió una audiencia para presentar, brevemente, su idea.

“Tuve dos semanas para preparar la presentación para los ejecutivos de la compañía. Soy medio artista así que incluso diseñé las bolsas en las que pondría los Cheetos”.

Sin mayores conocimientos, este hombre se compró un libro de marketing y una corbata. Ambas cosas probaron ser de gran importancia en su éxito y pronto los Cheetos picantes se convirtieron en el producto estrella de Frito-Lay. Hoy en día es el director de ventas multiculturales de PepsiCo y también está a cargo del equipo de Hispanoamérica. Recordando el pasado, el Richard cree que lo que hizo la gran diferencia fue su valentía para enfrentarse a estas nuevas opciones:

“El antídoto para el miedo es el hambre. Cuando estás hambriento de obtener un nuevo trabajo, conocimiento o una nueva casa, simplemente vas y lo haces y el miedo no te atrapa”.

Two words: Cheetos. Pizza. #CheesePizzaDay

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Hoy en día, y como una forma de devolverle a su comunidad, Richard entrega becas para que otros niños y jóvenes latinos puedan ir a la universidad. También coopera con comida, ropa, implementos para el colegio y cuanta cosa sea necesaria:

“Los latinos que han logrado abrirse camino tienen la responsabilidad de abrirle las puertas a las generaciones más jóvenes y enseñarles que ellos también pueden hacerlo. Lo sé porque puedo y porque sé lo que es pasar hambre”.

¿Hubieras imaginado que este increíble sabor de Cheetos tenía una historia tan emotiva detrás?

SFuente

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