Lo veo lo leo y me lo creo

“Mi vida amorosa y sexual con VIH”. El testimonio de una mujer que lleva una vida con el virus

“Su prueba de VIH ha resultado positiva”. Esas fueron las palabras que cambiaron por completo la vida de Becky, una joven madre británica que contrajo el virus poco antes de cumplir los 30 años. Hoy, con la experiencia y algún tiempo extra encima, decidió contarle su historia a la cadena de noticias BBC. Según ella, cuando supo que estaba infectada no encontró muchos testimonios de mujeres mediante los que pudiera guiarse, cosa que considera profundamente necesaria para aceptarse a uno mismo, a los otros, y poder convivir con esta enfermedad que, si bien ahora es más tratable que nunca, sigue atemorizándonos profundamente.

Becky estaba nerviosa. Cuenta que tenía a su hija sentada en las rodillas cuando el asistente del doctor le aseguró que su test de Elisa había resultado positivo. Cuenta que, lo primero que sintió, fueron los escalofríos clásicos “por el shock. Mi cuerpo se entumeció completamente, mientras las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas”. Luego, vino el cuestionamiento. Becky tenía casi 30 años y veía que ese diagnóstico hacía que su vida se desmoronase. No sabía si iba a lograr pasar de los 40, si podría tener más hijos (una de las metas que se había propuesto a largo plazo), si volvería a tener una relación sentimental con alguien que la aceptara tal y como es. Su respuesta, ante todas sus dudas, fue un dilapidante: “No, so no es posible”.

BBC Three

El virus entra al cuerpo

Entonces, hizo el ejercicio de la memoria: recapituló qué fue lo que la llevó hasta esa situación. Por supuesto, su caso, como el de la mayoría de los contagios, fue por haber mantenido relaciones sin protección. “Después de separarme del padre de mi hija, con quien tuve una relación de diez años, me inicié en las citas por internet. Fue ahí donde conocí al hombre que acabó pasándome el virus. Me volvió loca desde el primer momento. Y fue tan solo poco después de iniciar mi relación con él que contraje el VIH”. La nueva pareja de Becky era un portador desde hace tiempo. No se había realizado las pruebas y aún no había notado ningún cambio sintomático en su cuerpo. Él tampoco sabía que llevaba el virus. Al menos, Becky asegura que es algo que ambos descubrieron juntos, y de la peor manera.

Sin embargo, el sexo entre ambos siempre fue respetuoso y estuvo lejos de esa promiscuidad con la que algunos relacionan al VIH (queramos o no admitirlo, es importante destacar que, hoy en día, el virus no discrimina). Las primeras veces que mantuvieron relaciones, lo hicieron usando preservativos, pero un día, cuando no tenían y se sentían ansiosos, decidieron prescindir de ellos. “Nos dejamos llevar por el momento”, asegura Becky. Eso abrió paso para que la situación se repitiera una y otra vez.

“La salud no me importó”.

El recuerdo de Becky sobre la comunicación con su nueva pareja es bastante difuso. “Creo que cuando empezamos le había preguntado si se había hecho las pruebas, pero estaba tan emocionada de que hubiese alguien nueva en mi vida que el tema de la salud no me importó en un momento en el que yo tenía la autoestima bastante baja”, asegura ella. Ahora, con menos pesar y más altura de miras, dice que de haber sabido cómo se dieron las cosas, ella habría actuado distinto.

Entonces, llegaron el agotamiento y la duda médica. Becky confiesa que llevaba tiempo sintiéndose muy cansada. Alguna vez había leído sobre una escasa relación entre la fatiga y el VIH, pero jamás pensó en el virus como una posibilidad real. Sin embargo, y por una cosa protocolar, ella y su pareja fueron a hacerse el examen el mismo día, al mismo tiempo. Los resultados de Becky llegaron antes, entonces, volvemos a la primera imagen: Becky sentada con su hija sobre sus rodillas recibiendo la noticia. Al salir, se lo dijo a su pareja. Él, asegura Becky, se derrumbó: “empezó a llorar y pedir disculpas”.

Los condones no sirven solo para prevenir los embarazos y el VIH, sino que otra larga lista de infecciones de transmisión sexual (Foto: Pixabay)

Generalmente, una prueba de este tipo afianza o fractura a las parejas. El caso de Becky fue el primero. Asegura que tanto ella como su novio se aferraron profundamente el uno al otro. El trauma los unió en el apoyo mutuo que necesitaban. Además, él tampoco sabía que estaba infectado. Becky asegura que no podría haber estado enojada con él. Declara que hubo responsabilidad por parte de ambos en su testimonio: “Es verdad, él no usó condón, pero tampoco le pedí que lo hiciera”. Además, se preocupa de resaltar la falta de una mala intención. En algunas ocasiones, no estar al día con los controles médicos no indica, precisamente, una mala voluntad, sino simplemente pasar por alto cosas que debiesen ser prioritarias en nuestro orden.

Las consecuencias del virus

Becky asegura que el virus atacó de forma veloz y efectiva el cuerpo. Su primer objetivo fue el intestino de la mujer. “Mi intestino se deterioró gravemente y perdí algo más de 40 kilos en apenas cuatro meses. Me volví frágil y débil”, relata ella. Pero junto con los dolores y la pérdida de peso, llegaron también los cócteles de medicamentos. Al comenzar los procedimientos tan pronto como la diagnosticaron, su carga viral se volvió prácticamente indetectable. El virus ya tenía una carga casi nula sobre su cuerpo.

Becky bajó cerca de 40 kilos durante los primeros meses después de ser diagnosticada (Foto: BBC Three)

Sin embargo, ella está completamente consciente de que esa no es una cura, sino un tratamiento: “No es una cura definitiva en absoluto y si dejo de tomar mi medicación, la carga viral aumentará nuevamente”, asegura ella. Aunque ella misma no es la única que se beneficia de esto. La medicación también regula el impacto que el virus pueda tener con los otros cuerpos. “Si alguien toma medicamentos eficaces contra el VIH y su carga viral es indetectable durante al menos seis meses, no puede transmitir el virus a través del sexo”. Becky está tranquila. El virus del que tanto se habla ya no representa un peligro para los demás en relación con su propio cuerpo. Por fin, está más segura.

A pesar de esto, ella aprendió una lección, y aunque ya esté infectada y mantenga el virus controlado, sigue utilizando preservativos a la hora de mantener encuentros sexuales. Ella comenta que “sigo necesitando condón para protegerme de otras enfermedades de transmisión sexual y me hago exámenes regulares de salud sexual para asegurarme de que estoy bien”.

En un principio, Becky y su pareja de esa época se mantuvieron juntos. Eso la hizo despreocuparse por contraer el virus y otras enfermedades. Ambos habían tomado conductas más preocupadas en cuanto a sus estados de salud. Sin embargo, muy pronto la relación terminó. Asegura ella que por “razones ajenas al virus”.

La infección en el “mercado de los solteros”

Becky comenta que volver a salir con otros hombres fue una tarea larga y ardua. Hace poco, por ejemplo, conoció a un hombre con quien encajaban perfecto según los períodos de su vida y sus maneras de relacionarse. Pero cuando ella le comentó a él su estado de salud, todo se derrumbó: “Se asustó muchísimo”, cuenta Becky, “podía verse la sorpresa en su cara”. Y, a pesar de que ella le comentó que su estado era intransmisible e indetectable, él no quiso hacer más que salir de su casa. No hablan desde entonces.

Actualmente, Becky ha logrado recuperar peso, y también ánimo (Foto: BBC Three)

A pesar de que ella se sintió culpable por no habérselo comentado con más anticipación, y porque su estado de salud y el miedo terminaron por arruinar algo que podrían haber construido juntos, sigue habiendo en ella una pizca de satisfacción por haberlo logrado: contó que tenía el virus, a pesar de que le costó un poco lograrlo.

Su única conclusión con respecto a sus futuros compañeros, es que deben ser personas que estén dispuestas a acompañarla. Becky dice que “ahora sé que mi futuro compañero tendrá que ser alguien comprensivo. Esa ha sido una lección muy valiosa”. Y lo ha logrado: se ha encontrado con otros tipos con quienes tiene, más bien, algo pasajero: se acuestan, lo pasan bien. Cuando llega el momento de conversar sobre el virus, ellos se muestran abiertos y receptivos. Saben que, en ese estado, la enfermedad es intransmisible. Becky asegura que es, finalmente, un síntoma cultural: “sé que algunas personas sabrán entender mi enfermedad y otras no. Mientras me sienta feliz y cómoda en mi propia piel, podré lidiar con las reacciones de cualquiera”.

Una nueva mirada

De hecho, Becky asegura que ahora siente incluso más confianza que antes. La enfermedad causó estragos en su cuerpo, así que cuando por fin pudo recuperar su peso y volver a sentirse bien, asegura que toda la vergüenza por su estado físico se fue. “Hizo que entendiera lo valioso y precioso que es”, asegura.

Sin embargo, sigue habiendo una profunda estigmatización sobre los portadores del virus. Becky recoge el testimonio de una persona que una vez le dijo “lo más difícil de vivir con VIH es saber que tienes VIH”. Ella asegura que, al menos en su caso, eso fue totalmente cierto.

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Pero se mantiene optimista y con la frente en alto. Sabe que, en su estado actual, puede tener nuevas relaciones, mantener algo serio e incluso poder agrandar la familia que está conformada por ella y su hija. Ahora se siente cómoda, y sabe que el futuro puede sonreírle: “sé que no hay nada que me impida tener el futuro que quiero”, sentencia.

SFuente

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